"Más instructiva aún que nuestra manera de tratar nuestros libros es nuestra manera de leerlos" (Daniel Pennac)
Daniel Pennac, en su libro Como una novela, nos propone un decálogo de derechos que nos podemos conceder cuando leemos y que debemos, igualmente, permitir a nuestros hijos o alumnos:
1.- EL DERECHO A NO LEER. No convirtamos la lectura en una obligación moral; en el fondo, el deber de educar consiste en dar los medios de juzgar libremente si se siente o no la necesidad de leer.
2.- EL DERECHO A SALTARSE LAS PÁGINAS: mejor saltarse páginas que leer una obra resumida.
3.- EL DERECHO A NO TERMINAR UN LIBRO: los buenos libros no envejecen, puede que un día lo reintentemos y nos guste o que descubramos por qué no nos gusta. Es prudente recomendar a nuestros hijos o alumnos seguir sus propios gustos. 😉
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| MURALES REALIZADOS POR ALUMNOS DE 1º DE ESO A/B DEL IES ENRIC VALOR DE PEGO. CURSO 2016/17 |
4.- EL DERECHO A RELEER.
5.- EL DERECHO A LEER CUALQUIER COSA...
6.- EL DERECHO AL "BOVARISMO": consiste en la satisfacción inmediata de nuestras sensaciones, con lo que el cerebro llega a confundir lo cotidiano con lo novelesco.
7.- EL DERECHO A LEER EN CUALQUIER LUGAR: en ocasiones leemos en los lugares más inusitados y buscamos pretextos para poder encerrarnos con nuestro libro en cualquier parte y leer. La lectura requiere intimidad, lo de menos es dónde.
8.- EL DERECHO A HOJEAR: cuando no se dispone de mucho tiempo, hojeemos, dejemos hojear, todo se puede. Hay libros que se prestan a ser hojeados: las novelas cortas, los cuentos, la poesía...
9.- EL DERECHO A LEER EN VOZ ALTA: las palabras pronunciadas cobran vida. Pensemos en las "tertulias dialógicas" que están recobrando la literatura oral y lo bien que suenan los libros.
Cuando alguien lee a viva voz entonces el libro se abre de par en par y da ganas a esas personas que creen que les gusta leer, de precipitarse a la biblioteca de turno tras ese libro para leerlo a solas.
10.- EL DERECHO A CALLARNOS: leemos porque nos encontramos a solas. La soledad va con nosotros y nuestros problemas. Un libro nos da una compañía que ninguna otra podría sustituir. Y después... hablemos de nuestra lectura.
NUESTRAS RAZONES PARA LEER SON TAN EXTRAÑAS COMO NUESTRAS RAZONES PARA VIVIR.
EL VERBO LEER NO SOPORTA EL IMPERATIVO. LEER ES UN ACTO DE VOLUNTAD.








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